ECOS



La ciudad era la misma, pero en el aire vibraban armónicos que no había vuelto a sentir desde el tiempo en que el mundo era un lugar impensable sin su mano envolviendo la mía, sin aquellas uñas cosquilleando carmesíes sobre mi palma, sin su voz ahuyentando mis miedos.

Resuena la vieja nana entre los haces que atraviesan las nubes invernales. Dulces sueños.